domingo, 11 de octubre de 2015

Nunca la longitud del susurro abarcará la voz informe del árbol


Imágenes por Ata Kandó









Nunca la longitud del susurro abarcará la voz informe del árbol







Una noche nació un niño.

Supieron que era tonto porque no lloraba y estaba negro como el cielo.

Lo dejaron en un cesto, y el gato le lamía la cara. Pero, luego, tuvo envidia y le sacó los ojos.

Los ojos eran azul oscuro, con muchas cintas encarnadas.

Ni siquiera entonces lloró el niño, y todos lo olvidaron.
El niño crecía poco a poco, dentro del cesto, y el gato, que le odiaba, le hacía daño.

Mas él no se defendía, porque era ciego.



Ana María Matute









Los niños conocían

que la bondad es débil en un mundo sin bosque

cazaban gatos para aprender

con exactitud

su falta de compasión.

Descifraron el lenguaje del pájaro azul

para tatuarlo en sus manos

y matar, así,

a los comerciantes de madera

en nombre de los tilos.



El viento dulce secaba la sangre de sus rostros,

secaba los cortes de su espinazo;

con la grupa ya acostumbrada al daño vegetal,

poco a poco, abandonaron el lenguaje.

El más antiguo de la manada, dicen,

rezó por última vez, arrodillado,

ante el cuerpo sin vida de un leñador:



nunca la longitud del susurro

abarcará

la voz informe del árbol

2 comentarios:

  1. Adoro qué escribes y cómo lo escribes. Tendré que ahorrar para esos libros que tienes publicados. Hasta entonces me quedaré al acecho, esperando pacientemente y con los músculos tensos a que dejes caer más poemas de estos tuyos. Un saludo.

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