miércoles, 7 de octubre de 2015

Cómo conocí a Rodrigo Vigo






A Rodrigo lo conocí en una jam de poesía en Barcelona, de momento, la única que hay. Fui como
unas 3 o 4 noches sola, hacía un calor infernal y no quería estar nunca en mi cuarto. La primera noche
escuché a Rodrigo y me gustó mucho. Bueno, de hecho fue el único que me gustó. El resto de las otras noches lo mismo, pero nunca hablé con él. Un día, en una fiesta de cumpleaños en el mismo local, mi amigo se quedó dormido en unos sofás y él estaba sentado enfrente así que mientras mi amigo dormía empecé a hablar con él. Le dije que me gustaba mucho su poesía y que la quería para mi blog si le parecía bien. A Rodrigo no le conocí más que eso pero estoy segura que nos encontraremos para beber y hablar con Jager Maister y purpurina y tragedia.


La poesía de Rodrigo es esa que escuchando un poema sabes que te van a gustar todos, porque tiene una voz atada a su voz, una voz silenciosa que es la que le narra los poemas y nada en su vientre como las rémoras, como una rémora de luz, luz, luz que calienta las yemas de sus dedos hasta teclear una casa de luciérnagas. Sus poemas son hechizos son el espacio que crean las flores cuando se arrancan y son la maleza que crece entre ellas. 





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