miércoles, 11 de enero de 2012

Boca roja














Caminando calle abajo, voy comiéndome una mandarina,
tengo las manos heladas y voy escupiendo las pipas en los jardines
de los chalets, intentando que caigan en la tierra.
Lo que intento es que las semillas agarren y crezca un árbol.
Crecerá un árbol que lleve mi saliva, una parte de mi ADN,
será como mi hijo árbol y aportará oxígeno al mundo en vez de robarlo.
Un hijo de provecho-, dirían.

De niña, nunca debí haber hablado con los árboles,
ahora estoy en deuda con ellos.







8 comentarios:

  1. todos estamos en deuda con ellos. ellos están en lo más alto de la reencarnación.

    ...

    es verdad hace tiempo que no te digo (no he sido consciente e incluso he entrado en los comentarios para buscar la evidencia: yo estuve aquí), aún leyendo charcos como ratas y estómagos hacia atrás... y la evidencia es que leo pero no siempre sé qué decir.

    un beso

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  2. El asunto de las mandarinas me lo tomo como algo muy personal. Debe ser porque mi madre comía muchas durante su embarazo. El caso es que me encantan, pero desde hace algunos años me cuesta mucho encontrar mandarinas en condiciones. Tal vez esa nueva raza de mandarinas con tu ADN salven a la estirpe mandarina.

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  3. Serás un bosque en una primavera perpetua.

    Bs.

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  4. Encantador blog el tuyo, un placer haberme pasado por tu espacio.

    Saludos y buen fin de semana.

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  5. qué grande!!! una vez dibujé a una niña, llamada Glacial, que también hablaba con los árboles...

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