domingo, 13 de marzo de 2011

My juvenile/ I truly say/ You are my biggest love

Björk Acrílico y pan de oro por Almudena Vega






Me gusta mucho Björk. Es de esas personas que, por mucho que pasen los años, sigue siendo una niña. No.No me refiero a algo físico. Me refiero a su ser, a lo que la envuelve. Ella no ha renunciado al niño que vive dentro. Al niño que la gente olvida dentro y abandona. Ella vive junto con esa niña. La niña y la mujer. La niñez es el verdadero amor. 



Hay que tener cuidado. No saber diferenciar "vivir con la infancia" de "no poder ni aceptar que se envejece" puede ser tremendamente peligroso. Otros grandes artistas hicieron referencia a ello en numerosas ocasiones pero con un sabor más amargo, como la belliísima poeta Alejandra Pizarnik. Niña agarrada a la niña. La niña que murió volvió para llevarse su cuerpo.



El despertar

                                                      A León Ostrov

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos

Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay monstruos
que beben de mi sangre

Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada.

Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada

Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue

¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?

El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Señor
Arroja los féretros de mi sangre

Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo

                                        De "Las aventuras perdidas" 1958 





Otros recuerdan la infancia y, aún más, los tiempos del colegio con un infierno. Mi queridísimo Bukowski hace una detalladísima y seductora descripción de infancia y adolescencia en "La senda del perdedor" y en otros poemas. Para él es más una liberación ser ya adulto y no mira a su niñez con nostalgia. 


"ni siquiera a los cuarenta
soñé que escribiría una novela
y he escrito 5, es un milagro
de la hostia, un aullido del corazón,
lejos de los patios de colegio infernales
que pusieron en marcha la suerte
y lejos del
mundo infernal que vino después
y que mantuvo
la racha"

                                     Extracto del poema "Una vida de novela" del libro "¡Adelante!"



Yo personalmente me encuentro en un punto entre todas sus visiones. Sé que he comparado artistas completamente distintos y de ese revoltijo sale mi relación con la ñiña dentro de mí. También Nietzsche tendría algo que ver aquí. Me gusta más la idea de que ningún recuerdo me perturbe. Que no perturbe mi voluntad  "pues el espíritu lucha ahora por su voluntad propia, el que se retiró del mundo, conquista ahora su mundo".




La orla del colegio en mi salón

Mi foto de la orla
se encuentra en casi todos
los cuartos de mi casa.
Una foto del colegio
donde mi cara
nunca fue peor tratada.
Mi madre la puso en cada mesita
y estante.
Cada vez que la miro me esfuerzo
en no recordar. Al final lo hago.
Era un colegio de uniforme
en el que la cortesía era ácida.
El colegio justificaba
el uniforme como una forma
de evitar diferencias
de clase social.
Siempre ha habido clases.
De muy pequeña me recuerdo viajando
en el transporte escolar.
Un autobús viejo de tapicería roja
y cristales empañados permanentemente.
También en el autobús había clases.
A mí siempre me sentaban en la parte delantera
porque decía a los niños
que dios no existía.
En el colegio existía dios. El sexo, por ejemplo,
no existía. Era malo. No pertenecía
al colegio. Me subía en una de las
últimas pardas. El autobús ya estaba lleno
y olía. Me sentaban al lado de un niño
que no me gustaba nada: no su olor,
su cara de chiflado, su delgadez, su jersey
descolorido, su pelo rubio enmarañado, su piel seca
Me acercaba, él se levantaba en muestra
de querer permanecer sentado junto
al pasillo, yo me sentaba junto a la ventanilla.
Me sentaba a su lado y no mediábamos palabra.
Yo jugaba a escribir con un dedo en el cristal
palabras salidas de mi nombre.
Escribía Nada, Luna,
Duna, Lana,
Médula.
ADN.
 Algún corazón.
No tenía sentido el asco
que me propiciaba aquel chico. No lo  tenía
que empezara a imaginarme desnuda junto a él
en aquel asiento. Imaginé que nos tocábamos. Era repugnante.
Quizás yo lo fuera. Sin embargo, era incapaz
contra esa violencia.
 Me pasó con más chicos horribles.
El sexo es malo y no existe. Dios tampoco.
Prohibir para posponer tragedias.




                                                                  Almudena Vega



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